El derecho a la vivienda y el derecho de propiedad suelen entenderse como derechos en conflicto, de tal forma que la protección de uno de ellos requeriría la limitación del otro. En su reciente publicación, Hohmann cuestiona esta perspectiva y analiza cómo estos derechos no solo pueden coexistir, sino también complementarse. Partiendo de la doctrina de la función social de la propiedad, sostiene que la propiedad tiene una función social que debe contribuir a alcanzar objetivos sociales más amplios, incluida la protección del derecho a la vivienda. El enfoque de Hohmann ofrece una comprensión más amplia de la propiedad y de su relación con la desigualdad social, poniendo de relieve cómo los derechos de propiedad pueden proporcionar un marco desde el que cuestionar estas desigualdades. Este blog reflexiona sobre la propuesta de Hohmann examinando cómo la función social de la propiedad puede contribuir a abordar la financiarización de la vivienda y su relación con la turistificación.
Financiarización, turistificación y transformación del espacio residencial
La turistificación se ha descrito como “un proceso en el que el espacio se produce con fines turísticos, lo que implica un cambio en la naturaleza y el uso de barrios enteros”. Este proceso puede transformar los espacios residenciales en infraestructuras diseñadas principalmente para el turismo, modificando el carácter y la función de los barrios y afectando a “los servicios que una población más permanente necesita para su vida cotidiana”.
Estos procesos están estrechamente relacionados con la financiarización de la vivienda, un proceso que Hohmann señala que está en auge en la economía política mundial. La financiarización representa un cambio desde la concepción de la vivienda como hogar y como base de la comunidad hacia su consideración como un medio para generar y acumular riqueza financiera.
Esta transformación puede debilitar el papel que desempeña la propiedad residencial en la sostenibilidad de las familias y las comunidades. Ciudades como Barcelona, Atenas y Venecia han recibido una considerable atención académica en este contexto.
También pueden observarse dinámicas similares en Santiago de Compostela, Galicia, donde el crecimiento del turismo ha contribuido a la transformación de barrios residenciales en zonas cada vez más orientadas hacia los visitantes. Esto ha ido acompañado de una proliferación de tiendas de recuerdos y de un declive de los servicios y actividades cotidianos para los residentes.
Estas cuestiones no se limitan a las zonas urbanas. Las comunidades rurales también se ven cada vez más afectadas por la interacción de los procesos de turistificación y financiarización, con consecuencias que van más allá de la asequibilidad de la vivienda y afectan a la sostenibilidad cultural y lingüística de las comunidades.
Turistificación y comunidades lingüísticas
La financiarización y la consiguiente turistificación de regiones que históricamente han sido centros de lenguas minorizadas plantean preocupaciones en relación con el patrimonio lingüístico. Cuando la vivienda se orienta cada vez más hacia el alojamiento vacacional o la inversión, las personas que desean vivir y trabajar permanentemente en estas comunidades encuentran mayores dificultades para acceder a una vivienda asequible. Esto puede afectar a la capacidad de las comunidades para mantener sus prácticas lingüísticas y culturales.
Un ejemplo puede encontrarse en las regiones de Gaeltacht de Irlanda, donde el irlandés es la principal lengua de la comunidad. En estas zonas, la proliferación de viviendas vacacionales y la financiarización de la vivienda están limitando la disponibilidad de propiedades residenciales. Cuando los miembros de las comunidades de habla irlandesa no pueden acceder a una vivienda, también puede verse afectada su capacidad para mantener el irlandés como lengua comunitaria viva.
Preocupaciones similares surgen en algunas partes del Reino Unido, particularmente en Gales, donde la compra de segundas residencias y la conversión de viviendas residenciales en alojamientos turísticos de corta duración han contribuido a aumentar la presión sobre las comunidades locales, que tienen dificultades para acceder a una vivienda adecuada y asequible.
Reconsiderar la propiedad a través de su función social
Estos ejemplos demuestran la necesidad de reconsiderar la relación entre los derechos de propiedad y los derechos a la vivienda. En su excelente libro, Hohmann analiza en profundidad la relación entre la vivienda y los derechos de propiedad y proporciona una sólida base para examinar la propiedad desde la perspectiva de su función social. Su análisis también conecta con argumentos más amplios presentes en este debate, en particular los planteados por el Relator Especial de las Naciones Unidas Koldo Casla.
Según Hohmann, la función social de la propiedad concibe la propiedad no como un derecho en sí mismo, sino como una función social que existe para cumplir objetivos sociales, como el derecho a la vivienda. Esto cuestiona la concepción de la propiedad como un derecho absoluto que está “internamente libre de restricciones” (internally unfettered), y sostiene, en cambio, que la propiedad está “inherentemente limitada” (inherently limited). A la luz de la aportación de Hohmann, podemos considerar hasta qué punto los usos financieros y turísticos de la propiedad residencial pueden encontrar un límite en la sostenibilidad y viabilidad de la vida social, cultural y económica de las comunidades.






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